El Padre Arrupe y los retos de su recuerdo

Tojeira, José María (2001) El Padre Arrupe y los retos de su recuerdo. Diakonia (99). pp. 89-97.

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Abstract

Hablar del P. Arrupe es un verdadero desafío. Primero por que como jesuita apenas tuve oportunidad de hablar con él, e incluso las dos veces en que lo hice no fueron sus mejores momentos. En el 77 venía cansado de un viaje desde Nueva York y debió cansarse un poco de mí, joven sacerdote entonces y aficionado al periodismo, y empeñado en sacarle alguna declaración lo más utilizable en pro de la transformación de estructuras. Y la segunda fue en su lecho de enfermo, a principios del año 89, donde solo pude alcanzar a ver y escuchar dos cosas. Un amén al final de la bendición en la Misa, y unos ojos que se abrieron más de repente, se fijaron en mí y se le llenaron de lágrimas, cuando el Hermano Bandera le dijo que yo era el Provincial de Centroamérica, donde habían matado a Rutilio Grande. Y en segundo lugar porque pienso que su legado a la Compañía, como el de toda gran persona a una institución, tardará todavía algún tiempo en verse en su complejidad y en su magnitud. Cuando algunos dicen que lo que fue Juan XXIII para la iglesia lo fue Arrupe para la vida religiosa (“El Juan XXIII de la vida religiosa” decía Ellacuría en una de sus reflexiones) y especialmente para la Compañía, están dando sintéticamente una respuesta de significado global que comparto. Pero discernir esa afirmación, mostrar en qué aspectos se vuelve más importante y en cuáles no tanto, es todavía trabajo para la reflexión y el estudio. Tanto más importante cuanto las herencias personales, si se encierran en frases o en palabras grandilocuentes, pueden convertirse, con el paso del tiempo, en esos lugares comunes de autocomplacencia que acaban perdiendo todo significado. En ese sentido, creo importante que el año Arrupe al que se nos invita cuente con algún plan de lecturas de algunos de sus discursos y reflexiones, que podríamos llamar emblemáticos, y con algunas reuniones comunitarias en las que reflexionemos y oremos juntos la herencia de este compañero nuestro. Para comenzar diciendo algo, hay que repetir lo que afirman quienes estuvieron más cerca de él. Era un hombre bueno que tenía a Dios como fundamento de su vida. Todos los que le trataron coinciden en afirmar su ejemplaridad. Preocupado por la identidad de los “compañeros de Jesús”, Arrupe definía al jesuita como “un hombre enteramente dedicado a Jesucristo con un amor que llega al nivel del tercer grado de humildad”. Y eso mismo es lo que solían decir de él quienes lo conocieron. Un hombre bueno que, siendo Superior General de la Compañía de Jesús, continuó predicando a Cristo a su propia orden, que entonces miraba demasiado hacia dentro de sí misma, a su poder y a su influencia en este mundo, y la volcó con Cristo a la misión. No es de extrañar que la Compañía haya decidido iniciar el proceso de beatificación de quien sistemáticamente, con la palabra y el ejemplo, nos invitó a todos a entregarnos al seguimiento del Señor crucificado.

Item Type: Article
Uncontrolled Keywords: Compañía de Jesús, Espiritualidad Jesuita, Pedro Arrupe S.J., General de la Compañía de Jesús
Subjects: 200 Religión > 240 Moral cristiana y teología piadosa > 248 Experiencia, práctica, vida cristianas
Divisions: Centro Pastoral Universitario
Depositing User: Rogerio Medina
Date Deposited: 19 Sep 2017 22:08
Last Modified: 19 Sep 2017 22:08
URI: http://repositorio.uca.edu.ni/id/eprint/4230

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