La noche oscura del Padre Arrupe. Una carta autógrafa inédita

Codina, Víctor (2001) La noche oscura del Padre Arrupe. Una carta autógrafa inédita. Diakonia (99). pp. 78-88.

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Abstract

Durante mi —ya lejana— época de estudios de teología, investigué un poco sobre las relaciones de S. Ignacio con el Papa Paulo IV. Este trabajo realizado bajo el asesoramiento del P. Cándido de Dalmases en S. Cugat (Barcelona) y completado luego con algunas sugerencias del P. Hugo Rahner en Innsbruck (Austria), fue publicado en la revista Manresa el año 68 (V. Codina, San Ignacio y Paulo IV. Notas para una teología del carisma, Manresa 40 (1968) 337-362. Aparecieron amplios resúmenes en alemán, Ignatius von Loyola und Paul IV, en la revista de Viena Der grosse Entschluss, 2 (1969) 448-455, y en francés en Christus, de París, Espérant contre toute espérance, n. 65, 17 (1970) 99-107. Más tarde el original castellano fue incluido en mi libro Teología y experiencia espiritual, Sal Terrae, Santander 1977, 77- 107). En aquel trabajo estudiaba la situación de incertidumbre e incluso de angustia que Ignacio vivió al morir Julio III en 1555. Ignacio entonces hizo oración para que, siendo igual servicio de Dios, no saliese Papa quien mudase la Compañía, pues se temía que algunos papables la mudarían. En concreto Ignacio teme al Cardenal Teatino, Juan Pedro Caraffa, por la cuestión del coro (L. Goncalves de Cámara, Memorial, FN I, 712). Ignacio respiró tranquilo cuando fue elegido Papa Marcelo Cervini, Marcelo II, gran amigo de la Compañía. Pero el breve pontificado del Papa Marcelo —23 días— volvió a sumir a Ignacio en la perplejidad. La elección de Juan Pedro Caraffa como Papa, Paulo IV, provocó en Ignacio un estremecimiento de todos sus huesos. Pero después de un rato de oración, al poco, «salió tan alegre y contento como si la elección hubiera sido muy a su gusto» (FN I, 581-582). Recorría en dicho estudio las viejas discrepancias entre Ignacio y Caraffa, desde que en 1536 se encontraron en Venecia por primera vez el napolitano Caraffa, ya obispo y cofundador de los Teatinos y el vasco todavía estudiante de teología. Ambos deseaban la reforma de la Iglesia, pero sus métodos no coincidían. La perspectiva de Caraffa era más tradicional y espiritualista, la de Ignacio más revolucionaria e integral. Los antiguos roces, se intensificaron una vez Caraffa fue elevado a la sede de Pedro. Comienza para Ignacio una «noche oscura». El Papa se niega a confirmar la suma de dinero que Julio III había prometido para el Colegio Romano, lo cual le crea a Ignacio una situación sumamente difícil para poder alimentar a los 115 estudiantes. También el Colegio Germánico estaba al borde del abismo, pues tampoco Paulo IV pagaba los subsidios prometidos por su predecesor. Ignacio se encuentra literalmente «con el agua al cuello», pero a pesar de ello «esperando contra toda esperanza» (MI, Epp. IX, 534). Pero estas dificultades económicas no eran las que más preocupaban a Ignacio. Este se siente cada día más débil y enfermo, y sin duda prevee la proximidad de su muerte. El 30 de julio llama a Polanco para que vaya a S. Pedro a pedir la bendición del Papa. Polanco difiere el encargo hasta el día siguiente, pues no juzgaba el médico el caso de gravedad y le urgía el correo para España... Cuando al amanecer del 31 de julio Polanco ve a Ignacio in extremis, va a toda prisa a S. Pedro, y el Papa bendice amorosamente a Ignacio moribundo. Cuando Polanco regresa, Ignacio ya había muerto. En una reflexión teológico-espiritual destacaba en dicho artículo cómo Dios había purificado a Ignacio al final de su vida a través de una «noche oscura», la noche oscura del apóstol. Durante toda su vida había buscado Ignacio la voluntad divina, y ésta se le había concretado en la fundación de la Compañía de Jesús, obligado por el 4o voto a una especial obediencia apostólica respecto a las misiones que el Papa pudiera confiar a la Compañía. Y al final de su vida Ignacio experimenta dolorosamente que el Papa, al que debe especial sumisión, ni es demasiado favorable a la Compañía, ni llega a captar la intuición ignaciana. Tensión crucificante. Ignacio muere en pura fe, poniendo en mano de Dios su obra, sometiendo su carisma a la institución de la Iglesia y, como Abrahán, esperando contra toda esperanza. Lo que sucedió inmediatamente después de la muerte de Ignacio prueba que sus miedos no eran infundados. Paulo IV dijo que Ignacio había gobernado tiránicamente a la Compañía, mandó que le fueran entregadas las Constituciones y Bulas de su aprobación, impuso a la Congregación General que acababa de elegir a Laynez como General, el generalato trienal y el coro. El Teatino mudaba la Compañía... Sin embargo, al final de sus días Paulo IV parece haber cambiado su modo de actuar. Se mostró propicio a la Compañía y ésta creció y prosperó notablemente en su pontificado. Estas eran las líneas de fondo del Estudio sobre Ignacio y Paulo IV. Esta introducción era necesaria para comprender cuanto sigue.

Item Type: Article
Uncontrolled Keywords: Compañía de Jesús, Espiritualidad Jesuita, Pedro Arrupe S.J., General de la Compañía de Jesús
Subjects: 200 Religión > 240 Moral cristiana y teología piadosa > 248 Experiencia, práctica, vida cristianas
Divisions: Centro Pastoral Universitario
Depositing User: Rogerio Medina
Date Deposited: 19 Sep 2017 18:45
Last Modified: 19 Sep 2017 18:45
URI: http://repositorio.uca.edu.ni/id/eprint/4228

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