Cultivar el don recibido: la vocación

Rodríguez Arana, Carlos (1998) Cultivar el don recibido: la vocación. Diakonia (88). pp. 4-11.

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Abstract

La vocación no es algo adquirido de manera definitiva, como toda experiencia de Dios, puede intensificarse o puede debilitarse, e incluso perderse. ¿Cómo vivimos nuestra vocación de jesuitas, sobre todo, en los aspectos más 'religiosos" de ella, pobreza, castidad, obediencia? Nuestro estilo de vida, ¿es el más adecuado? ¿Estamos a gusto con nuestra identidad religiosa? ¿Cómo vivimos en el mundo sin ser de él, sin dejarnos seducir por sus encantos que nos desvían de lo que realmente queremos? A veces, siento que nos falta "espíritu". Es verdad que llegan momentos en nuestra vida en los que entramos en crisis y la vocación como que deja de decirnos, de ser lo que era, el "primer amor", lo más preciado de nuestras vidas. ¿A qué se debe que tengamos este tipo de sentimientos? ¿Qué nos ocurre para que en un momento dado, entremos en crisis, perdamos el sentido de lo que nos dio todo el sentido en la vida? El factor clave, a mi modo de ver, de estas crisis está en la pérdida de sentido de la vocación. No es algo que le ocurra a todo el mundo. Pero sí es un fenómeno sentido por algunos. Llega un momento, más tarde o más temprano, en que uno se cuestiona el porqué de este modo tan peculiar de vivir, tan alejado y extraño a lo que vive todo el mundo. Ese modo que a uno le propusieron y del que se enamoró y del que con el tiempo y casi imperceptiblemente, se ha ido saliendo, tornándosele ajeno. Cuando nos sentimos así la tentación es llegarse a creer que uno no está tan mal como está, que todo marcha casi como si nada hubiera pasado y de esa manera se va saliendo más y más del camino emprendido. Cuando se experimenta que uno no vive lo que quería vivir es cuando los cuestionamientos aparecen violentamente y se hacen un grito dentro. ¿Qué hago aquí? ¿Por qué me metí en este lío? ¿Qué se me ha perdido entre esta gente que dice vivir algo, pero que en realidad, como me pasa a mí, eso que dicen vivir no lo viven? Vivir la vocación a la Compañía, ser religioso hoy, es algo retante. Es estar en el mundo sin ser del mundo (Jn 15, 16-24). Es nadar contracorriente. Es ir por "otros" caminos, caminos que muy pocos se atreven siquiera a entrever. Es ser Contraculturales, eso que tanto repetimos, pero que nos resulta molesto aplicar, porque supone búsquedas, riesgos, novedades que nos llevan a atemorizarnos a desinstalarnos. Lo "normal", lo que a uno le atrae, es ir por donde todo el mundo va. Eso es lo que nos meten por todos los sentidos los medios de comunicación, la cultura ambiente. Ser como todos, consumir al máximo, dar gusto al cuerpo, seguir sus pulsaciones, apasionarse con sus pasiones. Eso es lo que llena, nos dicen. Sin embargo, paradójicamente, las dosis de vacío, de desencanto, de insatisfacción que se padecen en nuestro mundo son masivas. Nos da miedo mirar el rostro triste, decepcionado, doloroso del mundo que nos rodea. Preferimos mirarnos en los slogans publicitarios, en esa felicidad fácil que aparece en ellos. Ahí nunca aparece la insatisfacción de una vida egoísta, encerrada sobre sí misma que es la que nos venden, el vacío que reside en el que sólo busca la felicidad en el tener más y más cosas para llenarse y nunca se siente pleno, el daño que produce el alcohol, los desastres de la droga.

Item Type: Article
Uncontrolled Keywords: Compañía de Jesús, Espiritualidad Ignaciana, Vida Religiosa consagrada, Retos, La Vocación, Auto comprensión y fundamentación teológica
Subjects: 200 Religión > 260 Teología social y eclesiástica > 262 Eclesiología
Divisions: Centro Pastoral Universitario
Depositing User: Rogerio Medina
Date Deposited: 22 Aug 2017 15:56
Last Modified: 22 Aug 2017 15:56
URI: http://repositorio.uca.edu.ni/id/eprint/4141

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